A Review After the First Month
Compré este equipo a mediados de mes en un local sobre Eusebio Ayala, después de comparar tres opciones que se consiguen en Asunción. La idea era reemplazar una notebook de 2019 que ya no aguantaba videollamadas con la cámara encendida. Lo probé durante un mes completo: ocho horas diarias de trabajo, dos viajes en bus hasta Ciudad del Este y varias sesiones de edición de fotos los fines de semana.
Lo primero que noté fue la temperatura. En las primeras dos semanas el ventilador entraba en carga alta cada vez que abría más de seis pestañas con video. Medí con un termómetro infrarrojo prestado y vi picos de 82 grados en la zona del disipador. Después de actualizar el firmware de la BIOS y ajustar el perfil de energía a "equilibrado", esos picos bajaron a 74 grados sostenidos. No es un cambio dramático, pero se siente en el ruido y en la autonomía.
La batería cumple lo que promete el fabricante solo con brillo al 50%. Con brillo al 80%, que es lo que uso de día, rinde unas cinco horas y media. Suficiente para una jornada en oficina con enchufe cerca, corto para un viaje largo sin toma. El cargador es compacto, eso sí, y no calienta como el de la notebook anterior.
Lo que no me convenció: el trackpad tiene un pequeño retardo al hacer clic con dos dedos, algo que se nota al arrastrar archivos. Probé con un mouse externo y desaparece, así que parece un tema de drivers más que de hardware. También el puerto USB-C único queda ocupado si conectás un monitor externo, y ahí ya no podés cargar al mismo tiempo sin un hub.
Después de un mes, la conclusión es simple: cumple para trabajo liviano y edición ocasional, siempre que no exijas sesiones largas sin corriente. Si tu uso principal es ofimática, navegación y alguna herramienta de diagnóstico, va bien. Si necesitás renderizar o compilar durante horas, conviene mirar un modelo con mejor disipación.